Cada vez que Miriam va a la casa de sus abuelos, la incomodidad y la angustia se apoderan de ella. Su abuela, que sufre demencia y se comporta como si su marido aún viviera, tiene una caída y la ingresan en el hospital. Miriam tiene que ir a la casa para cogerle ropa. En cuanto entra, la casa parece tener algo que recordarle y Miriam no quiere sacarlo del desván…

Este cortometraje, ‘Tinieblas’, el nuevo de Raúl Cerezo y Carlos Moriana, llega tras sus trabajos conjuntos ‘El semblante’ y ‘Mimo’. El guion corre a cargo de David Verdugo, quien, desde su irrupción en el panorama cinematográfico, ya cuenta con tres cortometrajes de gran calidad: el presente ‘Tinieblas’, el ya mencionado ‘Mimo’ y el magnífico ‘Ángulo muerto’ de Cristian Beteta.

En ‘Tinieblas’ encontramos una historia con un poder narrativo muy sólido. Desde el inicio, el relato se construye bajo un halo de misterio e intriga que nos sumerge en un estado de incertidumbre e incomodidad; ese punto en el que el espectador intuye que lo que está ocurriendo desembocará en algo mucho más intenso. Raúl y Carlos manejan estos tempos con maestría —ya lo han demostrado en sus trabajos previos, tanto juntos como por separado—, y teniendo en cuenta que ‘Mimo’ fue una obra magnífica (como prueba su excelente recorrido), esta nueva incursión en el género es, sin duda, motivo de celebración.

Uno de los aspectos más destacados de ‘Tinieblas’ es su montaje, del que deben sentirse especialmente orgullosos. Sin desvelar spoilers, la historia entrelaza pasado y presente hasta confluir en un punto clave. Este tipo de estructura temporal puede resultar arriesgada, pero aquí funciona con precisión. El ejercicio narrativo ofrece un punto de vista original y contribuye a reforzar esa atmósfera inquietante que busca incomodar al espectador y mantenerlo en tensión.

La interpretación de Ángela Arellano es fundamental para que ‘Tinieblas’ funcione. Su prolongada presencia en pantalla requería un nivel interpretativo alto para sostener el ritmo y evitar que la historia decayera o cayera en el temido aburrimiento que puede surgir cuando solo hay un personaje en escena. Si bien el guion respalda su trabajo, gran parte del peso del cortometraje recae sobre sus hombros, y el resultado es sobresaliente. Mención especial merece también José Ramón Pardo, cuya aparición incluye escenas capaces de poner los pelos de punta.

Otro elemento especialmente destacable es la fotografía, firmada por Beatriz Delgado Mena. El juego de luces y sombras en una casa tétrica, repleta de recovecos y detalles, es una auténtica delicia visual. La composición de los planos —que nos conduce hacia una localización tan simbólica como el sótano— refuerza la atmósfera opresiva de la obra. Cada elemento en pantalla parece tener un significado propio; cada rayo de sol que se filtra o cada plano desde un punto de vista poco convencional añade capas de lectura y calidad a la historia.

En definitiva, Raúl Cerezo y Carlos Moriana vuelven a ofrecer un cortometraje técnicamente impecable. Una esperada vuelta al género por parte de dos creadores que demuestran, una vez más, su perfecta sintonía y su capacidad para hacernos disfrutar enormemente como espectadores.

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Overall
3.8
  • Originalidad
  • Fotografía
  • Edición y montaje
  • Banda Sonora
  • Guion
  • Interpretaciones
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Mario Mayo, protagonista de '893 KM'

Crítica de ‘893 KM’ (C) (Rubén Guindo)

Jaime Garzía Iglesias

Visto camisas y tengo tatuajes.

http://www.jaimegarzia.es

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