Crítica de ‘Montecarlo 67’ (C) (Rubén Guindo, 2025)

Montecarlo 1967. Chicho Ibañez Serrador y Pilar Miró se cruzan con un jovencísimo Steven Spielberg. Un encuentro que pudo cambiar la historia del cine para siempre.

Es complicado imaginarse la historia del cine sin ‘Tiburón’, ‘Indiana Jones’, ‘El diablo sobre ruedas’ o ‘E.T. el extraterrestre’, por decir algunas de las obras dirigidas por uno de los maestros del cine: Steven Spielberg; posiblemente uno de los cineastas que más han hecho disfrutar a niños, jóvenes, adultos y ancianos en la gran pantalla. Interesante es saber cómo pudo cambiar esta historia del cine si, otro gran cineasta, Chicho Ibañez Serrador, no se hubiese cruzado en 1967, en el Festival de Televisión de Montecarlo con un afligido Steven Spielberg, y le hubiese convencido para que siguiese haciendo cine. Chicho acababa de ganarle con el episodio ‘El asfalto’, de la serie ‘Historias para no dormir’.

Esta es la premisa que ‘Montecarlo 67’ nos ofrece. Y sí, digo «nos ofrece», porque este cortometraje que Rubén Guindo nos trae es un absoluto regalo para todas y todos aquellos a los que el cine nos tiene encandilados. Desde el comienzo, la opción tomada de hacerlo en blanco y negro se muestra totalmente acertada y te coloca directamente en el ambiente correcto para que disfrutes del cortometraje, haciéndote viajar hasta ese 1967 y a ese instante de glamour y disfrute que es ese festival. Aquí ya, bien pronto, vemos algo que Rubén ha tenido a bien en este cortometraje: valentía. Se ha metido en unas situaciones muy curiosas que maneja por ‘Montecarlo 67’ y que se repite durante el metraje; unas situaciones que son algo diferente, algo muy fresco en una producción, y que le dan una riqueza interesantísima y a la vez, y no sé muy bien explicar por qué, le ofrecen aún más credibilidad a la historia que se nos está contando. No digo ninguna por no destriparlo; a mí me encantó encontrármelo por sorpresa y quiero dejar esto así para quién lo vea.

Carlos Santos haciendo de Chicho (qué por cierto, es la segunda vez que lo encarna), es una delicia absoluta. Que se embarque y haga trabajos en cortometrajes es un lujo. Su interpretación tiene un peso muy grande dentro de ‘Montecarlo 67’; pensemos que estamos ante un cortometraje cuyo nudo principal es una conversación, y que la voz cantante de la misma la lleva este personaje, por tanto, la interpretación debía ser intensa para evitar la tediosidad, y Carlos lo ha hecho más que a la perfección.

Dar vida a Pilar Miró ha recaído en los hombros de Veki Velilla. Está correctísima, seria pero divertida, y posee una atracción muy interesante su personaje durante los instantes que está en pantalla; como si tuviese un magnetismo que arropase a Chicho completamente. Y Marco Steel es el gran Steven Spielberg. Ha tenido que ser complejísimo prepararse el personaje, pero posee una credibilidad absoluta, juega con ese cambio de emociones que tiene durante el cortometraje, desde su aflicción a su emoción, mostrando el amor por el cine… en definitiva, un trabajo de casting excepcional. Mención especial a uno de los instantes más divertidos del cortometraje, esa intervención en la que Bruno Martín y Javier Laorden aparecen en pantalla.

Otro de los aspectos que más cuidados y bellos me parecen de ‘Montecarlo 67’ es su guion, realizado por el propio Rubén Guindo, Nuria Cabezas y Miguel Monteagudo. El trabajo del mismo es máximo, pero lo que es un absoluto disfrute es, que el cortometraje es un homenaje al cine, pero sobre todo gracias a las palabras utilizadas durante la conversación, a la pasión con la que se habla de cine y a los guiños que se tienen durante los diálogos. Es uno de los pilares más fundamentales de este cortometraje y una de las razones de su calidad. Este guion hace que los tres protagonistas brillen absolutamente y hace que el público empatice y les coja un cariño inmenso desde el comienzo; además que gracias a ese humor que contiene hace que el mismo transite a un ritmo rápido y se disfrute desde el inicio, manteniendo el mismo nivel de interés hasta que llegamos al punto culminante de la historia.

La fotografía, tan bien organizada, jugando con el blanco y negro y con esas luces y sombras tan elegantes que este formato ofrece a una producción, son la envoltura perfecta para el buen trabajo narrativo que se tiene. Junto con su edición de sonido, está todo perfectamente cohesionado y presentado, que por separado tienen una calidad y una profesionalidad tremenda, y unidos hacen un conjunto magnífico.

En definitiva, ‘Montecarlo 67’ me parece un cortometraje bellísimo en contenido y forma; un homenaje al cine, a los que nos apasiona, y con una historia que resulta de lo más interesante. Menos mal que Chicho se encontró con Steven. Menos mal que Rubén se enteró de esta historia y decidió contarla. Es una maravilla.

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Overall
4.5
  • Originalidad
  • Fotografía
  • Edición y montaje
  • Banda Sonora
  • Guion
  • Interpretaciones
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