Mauro, un asesino en serie, sale una noche más en busca de una nueva víctima. En un bar de carretera se cruza con Amaranta, una joven que aparentemente reúne todas las características para convertirse en un objetivo fácil. Pero las apariencias engañan. Lo que comienza como una nueva noche de caza da un giro radical cuando la supuesta víctima revela una cara completamente inesperada. El cazador pierde el control de la situación y acaba obligado a luchar por su propia supervivencia. Comienza así un perverso juego de inversión de roles en el que víctima y verdugo intercambian sus posiciones.
‘Gummy’ y su capacidad para sorprender.
Cuando comienzas a ver ‘Gummy’ es muy sencillo entrar de lleno en la historia que te va contando y apreciar que estamos ante una película que promete alejarse de los caminos más previsibles del género. Tiene un inicio con un buen ritmo, con unos personajes curiosos de los que no sabemos mucho que queremos ir desgranando poquito a poco y con leves destellos de lo que van siendo los cimientos sobre los que la historia se va a asentar. Pronto vemos a ese Mauro, el asesino, y se va conociendo un poco cuál es su modus operandi y su relación con las personas y con la vida, y a unos cuantos más que van a tener algo que decir a lo largo de la historia de ‘Gummy’. Y claro, con todo este colorido inicio, se prevé que el cuadro puede quedar bien bonito.
Pero nada de esto tendría un valor extra si no entrase en la ecuación uno de los elementos que más me han llamado la atención de ‘Gummy’: la capacidad para sorprender con su narrativa. No solo en el aspecto en el cual se ha creado la película; sino también en todos aquellos momentos en los que tú, como público que la está viendo, crees dar por sentadas varias cosas en la misma que esta deja de lado con el único objetivo de asombrarte. Eso, obvio, es un trabajo muy interesante en la dirección de Javi Prada y en saber desde el primer momento que este iba a ser uno de los objetivos de la cinta, ya que sin su manera de rodar ciertos instantes en los que no voy a entrar en detalle para no hacer spoilers, todo habría sido un trabajo que no habría tenido el mismo resultado; pero también refuerza mucho el proceso de escritura de guion que tuvo que tener en su momento, construyendo progresivamente una trama que administra con inteligencia sus revelaciones y haciéndola tan interesante para el público. Rubén Tejerina ha sido el encargado de crear las líneas de ‘Gummy’, destacando por su capacidad para alterar las expectativas del espectador.
En lo que respecta a la puesta en escena, uno de los aspectos más interesantes del trabajo de Javi Prada es su utilización del encuadre. El director no necesita ocultar deliberadamente la información para generar intriga, sino que juega con aquello que permanece fuera de campo, dejando que la incertidumbre sobre lo que sucede más allá de los límites del plano mantenga al espectador en constante tensión. Especialmente inquietantes resultan algunas secuencias de diálogo, en las que los primeros planos de los rostros adquieren un carácter casi amenazante, reforzando esa atmósfera perturbadora que recorre la película. A esta propuesta visual se suman otros dos elementos fundamentales: un montaje intenso, de ritmo ágil y que apenas concede tregua, y un cuidado trabajo sonoro en el que los sonidos ambientales adquieren una presencia constante, especialmente cuando los personajes se encuentran inmersos en sus particulares quehaceres.

De personajes va la cosa.
Pero si algo tiene ‘Gummy’ muy positivo también es la construcción tan completa de varios de sus personajes. Para empezar, tenemos al asesino en serie Mauro, a quien da vida un Javier Botet que, acostumbrado a alucinarnos con otros menesteres cinematográficos, no se baja de ese burro e interpreta a un personaje que asombra desde el comienzo y cuya complejidad se revela progresivamente. Es curioso ver a un actor al que habitualmente encontramos caracterizado como un monstruo desenvolverse en el drama, el thriller o el terror de la manera en que aquí lo hace, y ver cómo el resultado es más que positivo. Clara Alvarado es la otra gran protagonista de la cinta, quien da vida a una Amaranta que muestra diversas capas, siendo la mayoría de ellas bien diferentes durante el proceso de la película. Cuando las apariencias llevan al engaño es cuando su personaje desata su mayor potencial, y ahí se disfruta de su trabajo de una manera inmensa.
Jan Cornet y Fernando Soto poseen también un gran peso en ‘Gummy’ y en su trama. Además, ambas interpretaciones son muy dispares entre sí, pero con un nexo común bastante potente, lo que demuestra también que la dificultad de realizar los personajes está más que clara desde un principio.
Mario Mayo dando vida a un guardia civil que también tiene su espacio para sorprender y que ofrece otra sólida interpretación, o unos instantes que resultan dantescos y graciosos con Macarena Gómez refuerzan esa idea de que el trabajo de sus intérpretes constituye uno de los principales pilares de la película.


En términos de fotografía, me ha parecido muy intrigante el juego que tiene su paleta de colores en todo momento. Bien es cierto que la ambientación que ofrece la película va perfectamente acorde con lo que se nos está narrando dentro de su historia, y es justo ahí donde me resulta curioso que, pudiendo dar destellos histriónicos que tampoco quedarían mal y ayudarían a lucirse, se ha cuidado de no hacerlo y nos ha ofrecido, a cambio, una equilibrada tonalidad durante la película.
‘Gummy’ poniéndote a prueba.
Ahora bien, con toda esa amalgama de personajes con una vida un tanto diferente entre sí pero con una especie de continente común, entra en juego la sensación que se quede en el espectador. Sobre todo en un momento muy importante de la trama de la propia película: cuando se invierten los papeles. Cuando el verdugo pasa a ser la víctima y viceversa, el ejercicio de la película para el espectador ya no es simplemente el de disfrutar, sino que pasa a un plano que va un poco más allá. Ahora, el público, el que la está viendo, debe dilucidar más acerca de ‘Gummy’ y, sobre todo, debe plantearse moralmente dónde se encuentra en una historia en la que la moralidad se ha tirado de cabeza desde la parte más alta del edificio.

¿Dónde están los límites de nuestra empatía? ¿Los valores que crees tener afianzados pueden moldearse? ¿La película cuestiona realmente la moralidad convencional o simplemente utiliza esa inversión para provocar al espectador? ¿Humaniza al asesino o termina justificando su violencia?
Como bien dijo en su momento Groucho: “Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. Pues bien, en ‘Gummy’ te toca aprender y te toca ir moviéndote por según qué fanganosas zonas con todos los personajes que aparecen en algún instante en la pantalla: sentir rabia por un asesino, miedo por una víctima, pena por un don nadie o agobio por una persona que, simplemente, pasa por delante. Es decir, tienes que aprender a manejar lo que tienes frente a tus ojos e intentar, en la medida de lo posible, elegir un bando en tus sentimientos hacia cada personaje.
En definitiva.
En definitiva: en ‘Gummy’ vamos a encontrar muchas cosas a las que prestar atención y muchos detalles que pudieran parecer nimios pero que le dan un toque de calidad a la película muy interesante; a una película que tiene un gran atractivo en la capacidad que posee de desmontar al espectador. Javi Prada ha construido con ella un relato intenso, con un ritmo alto y poblado de un nutrido grupo de personajes que se escapan de esa primera impresión que se podría tener. Con un sentido del humor particular y con algunas escenas que te revuelven un poco, tiene mucho más mensaje del que pareciera gracias a las preguntas implicitas que nos plantea. Pareciera a priori que fuésemos a ver una película sin más, y terminamos teniendo muchos instantes en los que el disfrute es bárbaro.
Tráiler de ‘Gummy’.
Overall
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Originalidad
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Fotografía
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Edición y montaje
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Banda Sonora
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Guion
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Interpretaciones











