Diez personas, ocho niños y dos monitores, quedan atrapados en un remoto refugio de los Pirineos cuando una violenta tormenta de nieve corta todos los accesos. Sin electricidad, sin agua, incomunicados y con el rescate cada vez más lejos, solo les queda esperar… y resistir. Para asegurarse de que nadie ha desaparecido en medio del caos, deciden numerarse: 7… 8… 9… 10… 11. Hay un niño de más. Nadie sabe quién es ni cómo ha llegado. Pero, los monitores optan por acogerlo provisionalmente. Aún así, a medida que el confinamiento se alarga, el misterioso recién llegado se vuelve más inquietante, agresivo y enigmático, sembrando las dudas y el miedo entre los niños. Y el refugio deja de ser un lugar seguro. Porque nadie puede salir… pero tampoco nadie puede escapar.
En ’11’, la película de Clàudia Serra y Paula Serra, tenemos uno de esos inicios que se presentan ante el espectador como algo sencillo, pero del que sabemos que se van a desencadenar multitud de situaciones: un grupo, a priori bastante vulnerable, se queda atrapado en un refugio debido a una tormenta de cierta intensidad. Ahí vamos conociendo a parte del grupo, pues, aparte de los ocho niños, cada cual con sus particularidades, descubrimos a los dos monitores, con sus historias propias y unas marcadas personalidades que tendrán su importancia en el desarrollo de la historia. Además, un hombre huraño pone en alerta al grupo, y eso, en el cine de terror, a veces viene muy bien…
Pues bien, si ya de por sí hacerse cargo de ocho criaturas en un refugio en lo alto de una montaña nevada podría resultar bastante caótico, la situación se complica todavía más cuando aparece un niño del que no sabemos muy bien por qué está allí ni de dónde ha salido, pero que tiene cara de no tramar nada bueno.
Como comienzo, ’11’ ya ha puesto sobre la mesa las cartas con las que va a jugar la siguiente partida. Ahora le toca mover ficha al espectador y decidir si quiere entrar en lo que Clàudia y Paula nos ofrecen. La película presenta situaciones muy variadas, y las relaciones entre todos los integrantes del grupo protagonista, es decir, los once que se quedan en el refugio, funcionan mejor o peor a lo largo del metraje. Pero cuando ’11’ se pone seria y muestra todo su potencial, si has entrado en la propuesta, la vas a disfrutar.

Un interesante trabajo de fotografía está presente durante toda la película y se une a otros factores para dar rienda suelta a la ambientación que se nos presenta. Para ponernos en situación, nos encontramos en un refugio en mitad de los Pirineos, lo que añade un elemento extra a esa situación de home invasion en la que nos encontramos. A la capacidad de aterrar que ya tienen de por sí este tipo de películas se suma la imposibilidad de huir, puesto que cualquier intento de escapar nos llevaría de lleno a una situación de supervivencia en mitad de la montaña. Por tanto, el refugio adquiere una enorme importancia en la película, hasta el punto de convertirse prácticamente en un personaje más.
Hablaba de la ambientación porque quienes se encargaron de localizar este refugio hicieron un trabajo maravilloso. Y es que ’11’ encuentra uno de sus grandes puntos fuertes en los recovecos, la oscuridad y los espacios extraños que ofrece este lugar, elementos que contribuyen de manera decisiva a construir la atmósfera de la película.
Junto a ello, tenemos a varios de los personajes más importantes del grupo. A los monitores les dan vida Mia Sala-Patau y Pablo Scapigliati, quienes ofrecen interpretaciones muy correctas de unos personajes que juegan con sus luces y sombras, así como con la relación que mantienen entre ellos, para ir desarrollándose a lo largo de la historia. En los momentos de mayor tensión, el trabajo de Mia me genera una curiosa sensación de desasosiego, lo que, para la película que estamos viendo, es un cumplido absoluto.
Los niños, por su parte, hacen un inmenso trabajo. La mayoría de ellos debutan en el largometraje con ’11’, y eso hace que la tarea que han realizado resulte todavía más meritoria. Leo, el antagonista de la película, cobra vida gracias a la interpretación de Jael Borrás y, si llevase sombrero, me lo quitaría.

La dirección de Clàudia y Paula en su primer largometraje es digna de admiración por diversas razones. La primera, la inmensa dificultad que ha debido de suponer rodar en el lugar en el que lo han hecho. La segunda, trabajar con niños, ya que, al fin y al cabo, son eso, niños: necesitan preparación y acompañamiento durante el rodaje, y no pueden trabajar el mismo número de horas al día que los adultos. Y, por último, la valentía de adentrarse de lleno en el género con una historia que, en sus orígenes, nació como un drama.
Me gusta, además, que la película esté rodada en catalán. Como andaluz enamorado de mi tierra, me genera mucha rabia que, cuando una película tiene protagonistas andaluces o está rodada en Andalucía, se fuerce nuestro acento para hacerlo más neutro. Por eso, que dos mujeres catalanas rueden en catalán una película ambientada en Cataluña es, en primer lugar, algo que cae por su propio peso, por pura lógica, y, en segundo lugar, una apuesta personal de ambas que me encanta que hayan llevado a cabo.
En definitiva, ’11’ es una película interesante, un home invasion agobiante que, en más de una ocasión, te hace apretar los puños y que, con algunos toques de jump scare, consigue resultar muy disfrutable. Todo ello en una historia que comienza con un buen suspense y se va desarrollando a fuego lento, pero que, con pequeños destellos de vez en cuando, va alimentando la tensión poco a poco hasta alcanzar un punto de no retorno.
Ojo, porque estamos ante el primer largometraje de estas dos primas que trabajan codo con codo, y que el resultado sea este es una noticia más que buena para el cine español.
Tráiler de ’11’.
Entrevista a Clàudia Serra y Paula Serra.
¿Nos encanta?
Overall
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Originalidad
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Fotografía
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Edición y montaje
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Banda Sonora
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Guion
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Interpretaciones









