La sección Signature de BIFAN siempre llega con una promesa muy concreta: nombres reconocibles, cineastas con recorrido, propuestas de género con cierto empaque y esa sensación de estar ante títulos que, como mínimo, deberían dejar algo en la memoria. Suele conseguirlo, aunque este año haya sido más flojo que años anteriores.

En esta 30ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Bucheon, la selección Signature ofrecía un abanico muy atractivo sobre el papel: acción taiwanesa con ‘Kung Fu’, fantasía sobrenatural hongkonesa con ‘The Mage’, chamanismo rural en ‘Mother Bhumi’, terror japonés de la mano de Shimizu Takashi con ‘The Mouths’ y una rareza inclasificable como ‘Nameless’. El problema es que, una vez vistas, la sensación general es bastante más tibia de lo esperado.

No estamos ante una sección fallida en bloque. Hay ideas potentes, premisas llamativas y algún hallazgo visual que merece mucho la pena. Pero también hay películas que se alargan, que no terminan de encontrar el tono o que parecen confiar demasiado en una idea de partida sin trabajar lo suficiente su desarrollo. Signature prometía mucho. Quizá demasiado.

‘Kung Fu’ es una de esas películas que entran por la puerta de la diversión sin pedir permiso. Su primera parte funciona muy bien porque abraza sin complejos el tono juvenil, la comedia física y ese espíritu de fantasía marcial pasada de vueltas que no necesita justificarse demasiado. Dos chicos de colegio sufren bullying, uno de ellos además vive bajo la amenaza de una pandilla que extorsiona la tienda de su madre, y en mitad de ese caos aparece un maestro de kung fu que parece estar tan fuera de lugar como fuera de tiempo, ya que es un indigente que pasea las calles del barrio.

Ahí la película encuentra su mejor versión. Es divertida, ligera, exagerada y orgullosamente “chocoloca”. Hay vuelos imposibles, golpes imposibles, efectos imposibles y una energía que recuerda tanto al wuxia juguetón como a una especie de Dragon Ball de barrio. Cuando se suma una compañera al entrenamiento, el grupo adquiere esa dinámica de pandilla improbable que siempre funciona si hay química y ritmo. Y aquí, durante un buen tramo, la hay.

El problema llega cuando ‘Kung Fu’ decide torcer su propia naturaleza. Lo que parecía una comedia fantástica de artes marciales, con adolescentes aprendiendo a defenderse y un maestro venido de otro tiempo, empieza a volverse más cruda, más sangrienta y más violenta. La historia introduce un pasado marcado por un hechizo, una mujer amada, un amigo convertido en villano y una venganza que cambia el tono de golpe. No es que ese giro sea necesariamente malo. De hecho, sorprende. Pero el cambio resulta brusco.

La película parece estar cómoda en la ligereza, en la locura y en el exceso juguetón, pero no siempre en la oscuridad que aparece después. El paso de la comedia al drama de venganza no termina de respirar con naturalidad. Aun así, tiene algo que la salva: se nota que sabe entretener. Hay oficio, hay carisma y hay una voluntad muy clara de hacer disfrutar al público. Taiwán, en ese sentido, cumple. No es una película redonda, pero sí una propuesta con energía y personalidad suficiente como para sostener buena parte del visionado.

‘The Mage’ tenía una de las premisas más atractivas de la sección. Una mujer excéntrica, casi marginal, que deambula por Hong Kong recogiendo objetos aparentemente inútiles porque cree que están habitados por espíritus. Una especie de recolectora de almas capaz de ver aquello que los demás no quieren o no pueden ver. Frente a ella, un policía racional, escéptico, completamente incapaz de entender el mundo nauseabundo en el que ella vive. Una idea que se presenta con fuerza y que se refuerza por una elegante puesta en escena, aunque hacia el final no logra generar toda la intensidad que prometía en su comienzo.

Durante buena parte del metraje, ‘The Mage’ se sostiene precisamente sobre ese choque. Ella es divertida, extravagante, marcada por una realidad que no se parece en nada a la de los demás. Él no está preparado para entrar ahí. No está preparado para escuchar las penas y lamentos de los fantasmas, ni para aceptar que la ciudad puede estar llena de muertos que siguen reclamando algo. La relación entre ambos tiene un punto cómico muy agradecido, porque la película entiende bien el contraste entre la lógica policial y el delirio sobrenatural.

Lo mejor de ‘The Mage’ está en esa idea del tercer ojo: abrir la mirada y descubrir que el mundo, en realidad, está podrido de fantasmas, decadencia y muerte. Hay algo bonito y desagradable a la vez en esa representación de Hong Kong como una ciudad saturada de restos, objetos, espíritus y heridas. La puesta en escena tiene momentos originales, con buenos efectos, buena fotografía y un uso interesante de la oscuridad, la lluvia y los espacios urbanos como territorios contaminados.

Pero también se hace densa. La película quiere ser thriller policial, relato sobrenatural, comedia de pareja disfuncional, historia de fantasmas y fantasía pesadillesca. Y no siempre consigue que todo eso encaje. No termina de ser una investigación criminal lo bastante sólida, pero tampoco se entrega del todo al horror o al delirio sobrenatural. Se queda muchas veces en un punto intermedio: entretiene, tiene momentos visualmente atractivos, pero no mantiene la tensión como debería.

Conforme el policía entiende mejor la labor de ella, se ablanda. Se acerca. Deja de ser tan reticente a su realidad. Esa evolución funciona, pero llega dentro de una estructura que se alarga más de la cuenta. A ‘The Mage’ le habría venido muy bien un montaje más fluido, más precisión en algunos diálogos y una tensión mejor sostenida. La premisa es fantástica. Los actores funcionan. El universo tiene posibilidades. Pero la película se queda a medias entre demasiadas cosas por todo lo mencionado.

‘Mother Bhumi’ propone otro tipo de acercamiento a lo sobrenatural. Aquí no estamos en la ciudad saturada de espíritus de ‘The Mage’, sino en un entorno rural, en una frontera entre Malasia y Tailandia donde el chamanismo, la tierra, la corrupción y los secretos familiares se mezclan con una cadencia mucho más pausada.

La protagonista es una mujer de campo y chamana que utiliza la magia negra para ayudar a los demás. Cura, limpia, expulsa demonios, combate oscuridades que no siempre son visibles. Su historia se activa cuando intenta ayudar a otra mujer a reclamar unos terrenos que pertenecen a su familia desde hace generaciones, pero que nunca fueron registrados formalmente. Y ahí aparece una de las líneas más interesantes de la película: el choque entre la memoria de la tierra y la burocracia corrupta.

Hay algo muy potente en esa idea. Lo que se hereda, lo que se pierde, lo que no queda escrito, lo que un funcionario puede arrebatar simplemente porque el sistema decide no reconocerlo. ‘Mother Bhumi’ utiliza el chamanismo no sólo como elemento fantástico, sino como forma de relación con el territorio, con los muertos y con una justicia que no siempre llega por los canales oficiales.

La película funciona mejor cuando se deja llevar por el folclore, por los rituales y por la vida rural. Tiene una atmósfera interesante y un modo de acercarse a la magia distinto al de otros títulos más explosivos del género. Puede recordar a ‘The Medium’ o incluso dialogar desde lejos con ‘Exhuma’, pero juega en otra liga y con otra velocidad. Aquí hay suspense, hay posesión, hay oscuridad, pero no una acumulación constante de golpes de terror. Es más de cocción lenta. Y esa cocción lenta puede jugar a su favor o en su contra, dependiendo de la paciencia con la que se entre en ella. ‘Mother Bhumi’ no busca atraparte por acumulación de sustos, sino por el descubrimiento de un entramado de secretos: qué pasó con el esposo de la protagonista, qué papel ocupa el secretario que ascendió tras su muerte, qué relación hay entre la ayuda que ella ofrece a los demás y el peligro que termina alcanzando a sus propios hijos.

Lo más interesante, quizá, está en la idea de que no todo el mundo merece ser ayudado, o, al menos, no todo el mundo quiere dejarse ayudar. La hija de la protagonista funciona como contrapunto: le recuerda que no está obligada a salvar a todo el mundo, que sus hijos también necesitan protección, que quizá hay entornos de los que hay que salir antes de seguir cargando con el dolor ajeno.

No está mal. Tiene alma, tiene folclore y tiene una mirada muy concreta. Pero también es lenta, bastante lenta, y esa lentitud hace que algunos tramos pierdan intensidad. ‘Mother Bhumi’ es una película para dejarse llevar, no para exigirle el pulso constante de otros terrores chamánicos recientes. Quien entre en su cadencia puede encontrar una propuesta sugerente. Quien espere una experiencia más visceral, probablemente se quedará fuera.

Con ‘The Mouths’ el problema es otro: la sensación de haber visto esta película demasiadas veces. Dos parejas van al bosque para cumplir el típico reto nocturno de permanecer junto a un árbol supuestamente embrujado, hasta ahí todo parece ir bien, pero al día siguiente una de las chicas desaparece y empieza la búsqueda. A partir de este momento aparece el repertorio conocido: espíritu blanco, pelo negro largo, apariciones en paredes, techos, hombros, rincones y sustos construidos sobre una iconografía del J-horror que ya forma parte del imaginario colectivo.

Y claro, Shimizu Takashi no es un nombre menor dentro del terror japonés, eso hace que la expectativa pese todavía más. Cuando alguien con su trayectoria se acerca de nuevo a este tipo de historias, se espera algo más que una reiteración de códigos, se espera una vuelta de tuerca, una incomodidad nueva, una imagen capaz de atravesar la pantalla. ‘The Mouths’, por desgracia, no termina de ofrecerlo.

No es que la película sea un desastre absoluto, tiene atmósfera, conoce los mecanismos del género y sabe cómo colocar algunas presencias, pero resulta demasiado previsible. El fantasma de pelo negro ya no basta por sí solo, la desaparición en el bosque, la maldición, la investigación, la venganza amorosa que se intuye al fondo… todo avanza por caminos demasiado transitados.

El mayor problema es que no sorprende, y en una película de terror eso pesa muchísimo.

Cuando has visto doscientas variaciones de este imaginario, necesitas algo que te saque del piloto automático. Aquí no ocurre. La película termina siendo más una historia de venganza sentimental que una verdadera inmersión en el miedo, y lo peor no es que use elementos conocidos, sino que no logra cargarlos de nueva energía, se queda en un territorio correcto, pero plano, más que miedo, provoca distancia, incluso aburrimiento.

‘The Mouths’ tenía el nombre, tenía la sección y tenía la promesa, pero el resultado sabe a déjà vu.

‘Nameless’ empieza con una imagen brutal: una masacre indiscriminada en un restaurante. Sangre, caos, cuerpos cayendo y un hombre en el centro de todo que parece matar sin arma visible. Junto a esa escena, otra imagen: la policía encuentra a un niño abandonado bajo la lluvia. Dos momentos fuertes, pensados para instalar desde el inicio el tono de la película. Violencia, trauma, misterio y una promesa de horror sobrenatural.

El problema es que esa promesa pronto se convierte en confusión. La película sigue a un asesino llamado Taro, un hombre sin escrúpulos ni piedad aparente, pero también a un niño marcado por una habilidad que no puede controlar: su mano izquierda hace que todo lo que toca muera o desaparezca de la vista. La idea es potente. Un cuerpo convertido en maldición. Un niño que crece como paria porque su contacto destruye. Un adulto incapaz de hablar, de expresar sus emociones, de integrarse en una sociedad productiva y normativa. Ahí había una película.

Una película sobre el ostracismo. Sobre los niños que viven en la calle. Sobre lo que una sociedad como la japonesa hace con quienes no encajan, con quienes tienen capacidades distintas, con quienes no pueden ser útiles ni dóciles ni visibles. Había material para una tragedia oscura y extraña. Pero ‘Nameless’ no lo consigue hacer patente.

Si lo que busca es presentar un guion en el que todo pasa sin más, lo consigue. No sabemos lo suficiente de los personajes, no entendemos bien su presente ni su futuro, y el pasado llega de forma tan fragmentada que muchas veces parece más un obstáculo que una revelación. La película juega con tiempos distintos, con el niño abandonado, con el adulto asesino, con la posibilidad de una herencia maldita, con una mujer embarazada, con una carta, con una identidad que se borra y con un nombre que parece importar más de lo que la película explica. Pero todo queda demasiado turbio.

Y no turbio en el buen sentido. Hay historias que necesitan misterio. ‘Nameless’ necesita claridad. No para explicarlo todo, sino para que la espectadora pueda agarrarse a algo. Aquí hay demasiadas cosas en poco tiempo y, paradójicamente, casi no se cuenta nada. El protagonista apenas habla, no sabemos si por trauma, por decisión vital, por incapacidad o por construcción simbólica. La investigación policial tampoco ayuda demasiado. Es lenta, poco estimulante y no termina de servir como entrada al personaje.

Como slasher sobrenatural, tampoco funciona del todo. Hay violencia, sí. Hay sangre. Hay una idea visual interesante en esa mano que mata y en esos objetos que desaparecen. Pero la película avanza sin ton ni son, como una espiral rota que no termina de encontrar centro. La sensación final es de frialdad. De haber visto algo con una premisa fascinante, pero sin el trabajo de guion necesario para convertirla en una experiencia potente. A ‘Nameless’ le faltaba un repaso. Diez minutos de escritura más, una decisión de montaje más clara, una imagen explicativa, un punto de anclaje, algo. Porque la idea tiene fuerza. Muchísima. Pero tal y como está, pesa más la desconexión que el horror.

La sección Signature de BIFAN 2026 deja una sensación irregular. ‘Kung Fu’ divierte y sorprende con su mezcla de comedia marcial, fantasía juvenil y violencia inesperada, aunque su cambio de tono no siempre esté bien integrado. ‘The Mage’ tiene una premisa magnífica y una pareja protagonista con mucha química, pero se diluye entre el thriller, el terror y la fantasía sobrenatural sin terminar de sostener la tensión. ‘Mother Bhumi’ ofrece un acercamiento más pausado y folclórico al chamanismo rural, interesante cuando abraza su vínculo con la tierra y la memoria, pero demasiado lenta para quienes busquen una experiencia más intensa.

‘The Mouths’ es quizá la más decepcionante por lo previsible de su terror. Y ‘Nameless’, aunque tiene una idea poderosísima, acaba siendo una película demasiado inconexa, más preocupada por acumular rarezas que por convertirlas en un relato verdaderamente doloroso o perturbador.

Lo más llamativo es que, siendo una sección de nombres fuertes, lo que más se echa en falta es precisamente firmeza. Hay ideas. Hay oficio. Hay imágenes. Pero no siempre hay películas que consigan llevar esas ideas hasta el final. Signature prometía una selección sólida de género y ha terminado dejando una impresión más dispersa: propuestas con personalidad, sí, pero también con demasiadas costuras visibles.

Quizá ahí está el verdadero balance. No ha sido una sección vacía, pero tampoco una sección memorable. Más bien un espacio de películas con buenos puntos de partida que, salvo excepciones parciales, no terminan de rematar todo lo que prometen.

MagaZinema.es

Web cinematográfica que abarca estrenos, ruedas de prensa, cine independiente, series, documentales, clásicos y mucho más. ¡Todo el 7º arte! Apasionados del COMING SOON. Expertos en CINE. Especializados en el género INDEPENDIENTE. Entrevistadores de lo EXCLUSIVO.

http://magazinema.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *