Con los jardines del Palacio del Infante Don Luis como escenario -hoy en día relajado espacio solariego para los vecinos de Boadilla del Monte– Carlos Olalla y Rosario Pardo abordaban ante la cámara una de las últimas secuencias. El calor veraniego, que había apretado en una de las ya habituales olas de calor, concedía una leve bajada en los termómetros -más con nocturnidad que con actitud vespertina- y el equipo hacía acopio tanto de la sombra como de las botellas de agua.
Tras su paso por Tenerife, principal escenario, ‘Un hombre de verdad’, ópera prima del destacado cortometrajista Liteo Pedregal -autor del guión junto a Roberto Alfaro-, ponía punto final a su rodaje ya en la península. A la presencia de Rosario Pardo se suman Olivia Molina y Natalia Dicenta, todas partes del coral universo femenino que rodea al malacostumbrado y desfasado Guillermo, al que aborda con su fidedigno empaque el actor Carlos Olalla.
Ese hombre que vemos ahí
“Por desgracia, he conocido a muchos Guillermos”, comenta con naturalidad el actor sobre su protagonista, un neurocirujano de setenta años que se verá obligado a despertar de su inamovilidad y educación machista cuando quede viudo repentinamente de una mujer (Inma Sancho) que le atendía hasta en el más mínimo detalle. “Mi personaje aprenderá, como todos, a base de bofetadas que le da la vida”.

El actor, que accedió a la interpretación a una edad madura tras dedicarse gran parte de su vida al mundo empresarial, recuerda anecdóticamente la experiencia de un alto cargo de una multinacional norteamericana. “No sabía ni cómo echar las cartas de Correos”. Una anciana acudió a su rescate cuando una mañana, ya estando jubilado, peleaba con un buzón en el intento de descifrar el acceso a la rendija. Él, que había conquistado las más altas cotas de éxito en su parcela profesional, era vencido por un simple movimiento de muñeca.
Para Olalla, la integridad de la interpretación radica en retos como el que le ofrece este nuevo proyecto, el de “interpretar a una persona tan alejada de la propia manera de ser y de pensar, de acompañarle durante su proceso evolutivo”. En esta exploración de las nuevas masculinidades, el intérprete resalta la importancia de “ver en una pantalla comportamientos con los que verse reflejados” para la transformación. ¿Se puede cambiar a estas edades? “Desde luego -afirma sin titubear-. Malo sería que no se pudiera… El problema es que exista la voluntad de querer hacerlo”. El viejo refrán de “adaptarse o morir” viene a sus labios sin demora. “Los hombres tenemos que volcarnos y no ver en el feminismo un enemigo, sino al revés”, a lo que añade con voz firme: “El mundo será feminista o no será”.
Bendito entre las mujeres
Tras el fallecimiento de su esposa, Guillermo habrá de aprender a relacionarse con el género femenino, pero no le resultará sencillo al afrontar a sus congéneres con la alarma de la amenaza encendida. En este proceso no solo encontrará maestras, sino que confrontará la reconstrucción de un lazo roto: La relación con su hija Nuria, a quien da vida la actriz Olivia Molina. “Me parece muy bonito hablar de los vínculos familiares y de las historias que hablan de lo íntimo”, resalta. La actriz recuerda el momento en el que el guión llegó a sus manos. “Me emocionó que se acercara a un tema no muy tratado cómo es el cambio emocional de hombres de generaciones muy mayores”.


Deshaciéndose en elogios hacia Litio Pedregal (“un director de enorme sensibilidad”) y hacia su compañero Carlos Olalla (“monumental como actor y ser humano”), la actriz reflexiona sobre el valor de “la autoconsciencia” cuando abarca su personaje en ‘Un hombre de verdad’. “Nuria está en un tránsito vital muy grande y quiere romper ciertos patrones del pasado para reaprender a cuidar a su familia, pero desconoce la forma de hacerlo”. El fallecimiento de su madre propiciará el reencuentro con su progenitor, con el que nunca ha compartido un vínculo real, aunque en realidad lo deseara. “El viaje que ambos están viviendo les empujará a emprender un camino que no saben dónde los lleva, pero que construirán con torpeza, usando las herramientas que tienen”. En esa dirección, Molina subraya la responsabilidad que reside en cada cual a lo largo de la vida. “Hay que revisarse, permitirse el error y tener conciencia de reparar, sea cuando sea”.
El guante se lo toma su compañera Rosario Pardo, recién salida de secuencia. Caracterizada en su personaje, que pondrá patas arribas la zona de confort del protagonista, Pardo se siente en el momento idóneo para defender a “una mujer independiente, con las cosas claras, buena madre y sin necesidad de pareja”. A pesar de las segundas intenciones de Guillermo (“un macho muy español”, ironiza la actriz) y su a priori tensa relación como vecinos, ambos desarrollarán una valiosa amistad. “Todas las mujeres que estamos, no es que le demos lecciones a él, pero sí le enseñamos que las distintas generaciones hemos cambiado” remacha acentuando el avance de la fuerza transgeneracional y el compromiso de la actuación. “Yo siempre lo he dicho, hasta que me muera voy a luchar por los derechos de la mujer y por que la mujer tenga el sitio que le corresponde”, concluye.
Una declaración que engarza con la personalidad de Bárbara, la amante de Guillermo. Interpretada por la actriz Natalia Dicenta, se trata de una colaboración muy especial que surgió sobre las tablas, cuando Liteo Pedregal acudió al Teatro Bellas Artes de Madrid a ver ‘Camino a la Meca’, en la que Carlos Olalla compartía cartel con Dicenta y, su madre, la gran dama Lola Herrera. “Liteo ya tenía a Carlos más que claro, pero todavía no había definido a Bárbara, y el escenario le dio la clave” cuenta sonriente. “Mi personaje es un chispazo, en mi caso rodé solo en las Islas, pero ya veréis, tiene un cariz intenso”. Su amistad con Olalla crece y su interpretación conjunta continúa. La función gira con éxito y promete regresar a Madrid. Mientras, ‘Un hombre de verdad ’ llegará en 2026 a las salas para mostrar cómo un “caballero” en las antípodas de nuestros días se reconcilia consigo mismo, libre para ser un hombre más ecuánime, coherente y feliz.
Otros artículos que pueden gustarte son:
Rosa Blas Traisac y Claudia Traisac: “Nuestras generaciones no son tan distintas”






