Lucía, de nueve años, y Saúl, de seis, juegan como muchos hermanos de su edad a ser papá y mamá. No obstante, ambos tienen el mismo problema, y es que ninguno de los dos quiere ser mamá.
Raúl Cerezo y Carlos Moriana se vuelven a juntar tras haber hecho el magnífico cortometraje ‘El semblante’, historia que ya demostró de lo que los dos son capaces juntos. ‘Mimo’ es su nueva propuesta, un cortometraje en el que Lucia y Saúl son dos hermanos pequeños que, como muchos otros tantos niños, juegan a ser papá y mamá. Esta propuesta, a priori, parece alejarse del gusto por el género que poseen ambos directores, pero no nos dejemos engañar por las apariencias de un cortometraje que realmente es un drama; sobre todo porque es un drama durísimo, que cuenta algo muy difícil de contar y que resulta ser en realidad un espeluznante hecho, por la cotidianeidad y la naturalidad con la que se nos presenta. En ese aspecto, siendo un purísimo drama, el sello de ambos directores, Raúl y Carlos, sigue presente en la capacidad que tiene este cortometraje de ser un ejemplo de tensión constante.
Tensión porque en todo momento el aura que envuelve a ‘Mimo’ resulta ser un incómodo velo que parece envolver la situación presente ante nosotros desde el cortometraje. Se convierte casi en una situación inmersiva del espectador, que tiene la sensación personal cuando se pone a ver ‘Mimo’ de saber que algo va a ocurrir con el juego de los niños, o en la habitación, y eso unido a la historia que nos está contando hace que su riqueza narrativa sea magnífica. Culpable es David Verdugo, a quién desde ya diría que seguirle la pista es algo que hay que tener en cuenta porque ha creado esta magnífica historia, al igual que hizo con ‘Ángulo muerto’. En esta ocasión, su guion es ácido, directo y potente; cargado de pesadez desde el comienzo del cortometraje y dejando poco descanso a la imaginación y al asentamiento de lo que está ocurriendo en el espectador. Un magnífico trabajo con las palabras el suyo.
Este guion lo han interpretado dos niños: Leire Marín y Eduardo Aguilar. Ambos tenían frente a sí un difícil trabajo, puesto que no es sencillo hacer algo tan serio como lo es este cortometraje desde la visión de un niño que realmente está jugando. Y es que emocionalmente ‘Mimo’ no es sencillo, y que dos jóvenes de estas edades sean capaces de hacer disfrutar al espectador con sus interpretaciones es digno de admirar. Sus gestos, la buena química que se ve entre ambos y el como gesticulan y fruncen su mirada hace que todo se vea de un realismo completísimo. Hacerles ver esto ambos directores, así como llevar a ambos intérpretes a entender la historia ha debido ser un complejo trabajo que, por la interpretación de ambos, queda claro que se ha realizado perfectamente.
Trabajar desde lo psicológico con una historia como es ‘Mimo’, donde el peligro se intuye más que se ve, ha de reforzarse con distintos ingredientes complementarios para la obra. En este caso, además del sibilino ejercicio de cámaras con el que juegan los directores y los contraplanos que vamos viendo, tenemos un importante (y de seguro complejo) trabajo con el sonido y la música. Al principio hablábamos de tensión, este otro personaje que es esa tensión para el cortometraje está perfectamente alimentado con un taladreo musical que va pegándose a la psique del espectador. Te deja casi exhausto, esperando el climax del cortometraje o deseando resolver la situación de los protagonistas.
En definitiva, Raúl Cerezo y Carlos Moriana vuelven a ofrecernos un magnífico trabajo con este cortometraje, uno más en el que está perenne su sello y en el que demuestran que son dos personas que saben mucho de cine y de como hacerlo muy, pero que muy bien. ‘Mimo’ es un cortometraje complejo, duro y agobiante, y es justo ahí donde radica el hecho de que sea tan absolutamente bueno.
Tráiler de ‘Mimo’.
Entrevista a Raúl Cerezo por ‘Mimo’.
¿Nos encanta?
Overall
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Originalidad
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Fotografía
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Edición y montaje
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Banda Sonora
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Guion
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Interpretaciones