‘Brand new landscape’ supone la carta de presentación del joven director japonés Yuiga Danzuka. La cinta muestra cómo el paisaje de Tokio se mimetiza con las emociones de los personajes principales: dos hermanos que encaran de formas muy distintas el duelo por la muerte de su madre y el reencuentro con un padre ausente. La historia está basada en algunas de las vivencias personales del director, hijo del famoso arquitecto japonés Eiki Danzuka. El filme se presentó en la Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes. También fue seleccionada en el ciclo New Directors/New Films del Lincoln Center y el MoMA en Nueva York.
La arquitectura como reflejo de las emociones
La película comienza con un viaje en coche y una estación de servicio donde una familia hace una parada para comer en un restaurante de comida rápida antes de seguir el camino. Pronto llegan a una casa de diseño alquilada a las afueras de Tokio, donde han decidido pasar unos días para huir del tórrido verano. La hija mayor lee en el sofá; el pequeño juega en el jardín con su padre mientras la madre deshace el equipaje. Y entonces, una llamada lo interrumpe todo. El hombre le anuncia a su mujer que debe volver inmediatamente a la ciudad porque han aceptado su nuevo proyecto de arquitectura y no se puede demorar ni un minuto más. La discusión tiene ecos de otras más antiguas que no hemos presenciado. Ella le pide que se quede, que disfruten de unos días juntos como habían planeado, que cumpla con su compromiso como padre. Le pregunta por qué esa ambición, por qué lo que ya tienen nunca le parece suficiente, o por qué siempre pone el trabajo por delante de la familia. Pero él se marcha. Ella se tumba en el sofá, sobrepasada e incapaz de moverse. El niño ha presenciado la disputa a través de una ventana. La hija mayor trata de reconfortar sin éxito a una madre eternamente triste.

Flashforward: Tokio, más de diez años después. Los hijos ya son adultos. La madre ha fallecido de forma traumática a causa de un suicidio. El padre —un papel que Kenichi Endo representa con fuerza y brillantez— es ahora un arquitecto famoso, responsable del diseño del parque Miyashita en Shibuya, pero ya no forma parte de la vida de sus hijos. La hermana mayor (Mai Kiryu) se ha comprometido con su pareja y pronto se van a vivir juntos, pero el recuerdo de su familia disfuncional le hace reaccionar con dudas y escepticismo. El hijo pequeño (Kodai Kurosaki) trabaja en una floristería y, durante una de las entregas, reconoce a su padre en un museo donde se celebra una exposición conmemorativa de su carrera. Aquí comienza el proceso de reconexión con el progenitor. Un camino en el que la ira, el resentimiento, la tristeza y la reconciliación se convertirán en una apisonadora capaz de crear una nueva estructura de relación familiar. Un nuevo paisaje.
Danzuka utiliza la arquitectura de la capital nipona con maestría para mostrar su continua metamorfosis, sus luces y sus sombras en conexión con las de los personajes. En colaboración con el cineasta Koichi Furuya, Danzuka definió una estética visual propia: “Creo que el posicionamiento de la cámara jugó un papel crucial. Cuando miramos el mundo a través de la lente, los personajes ocupan solo una pequeña parte del encuadre, mientras que el resto lo llenan la ciudad, la arquitectura y la naturaleza”. Los planos son exquisitos, como fotografías en las que nos podemos detener a observar cada detalle: la decoración, la arquitectura, las posturas o los gestos de los personajes. También se hace una crítica social al mostrar cómo la ciudad evoluciona a toda velocidad; los parques donde duermen personas sin techo se convierten en centros comerciales y obras de diseño, dejando a estos colectivos sin un lugar donde vivir. Se habla de una ciudad difícil para la gente joven, donde se sienten alienados, atrapados, sin posibilidad de seguir adelante. Un Tokio bello y feroz, muy diferente del de ‘Perfect Days’ (2023) de Wim Wenders, donde se ve la cara más amable de la capital.
Los conflictos familiares sobre el paisaje de Tokio
El momento más emotivo y mágico del filme, que Danzuka escribe con gran ingenio, tiene lugar durante el primer reencuentro entre el padre y los hijos. Sucede en aquel restaurante de carretera en el que habían comido al principio de la película. Cuando solo eran unos niños. Cuando aún eran una familia casi feliz.


Un elemento fantástico rompe el realismo: una luz que parpadea de forma inexplicable, atribuida a una presencia espectral acompaña a los personajes durante esos primeros minutos incómodos. Y entonces ocurre lo imposible. La luz se queda fija, iluminando el espíritu de la madre que no ha querido perderse el reencuentro. La imagen espectral solo se dirige al padre, al que le pide un tiempo a solas para conversar y aclarar todo aquello que nunca pudieron decirse. Mientras, los hijos observan por primera vez cómo sus padres conversan pacíficamente: el padre mirando a su mujer con total arrepentimiento y la mujer devolviéndole la mirada con dulzura. “Quería que los personajes tuvieran la oportunidad de ver a sus padres como nunca los habían visto”, explica el director. Una forma muy inteligente de tratar los dramas familiares, que recuerda a Hirokazu Koreeda y sus películas ‘Un asunto de familia’ y ‘Después de la tormenta’, ambas rodadas en Tokio.
Asimismo, se observan numerosos paralelismos estilísticos con el legendario Yasujirō Ozu, comparación que Danzuka acepta con gusto en esta entrevista: “Los frecuentes plano-contraplano individuales y las tomas de escaleras en lugares como la pensión son, de hecho, homenajes a su obra”. Sin embargo, las influencias del director van más allá del cine japonés: “Esta película también estuvo fuertemente influenciada por muchos otros directores. En cuanto a cineastas contemporáneos, he extraído una inspiración significativa de Kiyoshi Kurosawa, Edward Yang, David Fincher, Leos Carax y Ruben Östlund”.
Tráiler de ‘Brand new landscape’
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Edición y montaje
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