‘Bárbaros’ (2020). El peplum según Netflix

Antes de empezar a ver ‘Bárbaros’ conviene asumir la absoluta imposibilidad de lo que algunos podrían haber esperado: una amalgama de ‘Roma’ (Rome, 2005-2007) y ‘Vikingos’ (‘Vikings’, 2013-2020). A fin de cuentas, no tiene detrás ni a John Milius ni a Michael Hirst, tampoco a HBO ni al History Channel, y carece de la mala uva de la primera, así como del carisma salvaje de la segunda —excepción hecha, en este último caso, de Jeanne Goursaud, a quien conviene seguir la pista—. Se trata, en cambio, de un producto genuinamente Netflix y en tanto tal cabe disfrutarlo: tonto y entretenido, de consumo fácil y olvido rápido.

Resultan dignos de encomio el aseado diseño de producción y que las patadas a la historia —que, por supuesto, las hay— no sean particularmente groseras. Así, pese a cierta querencia slapstick —me pregunto cuántos traumatismos craneoencefálicos hacen falta para que Folkwin Lanzalobo empiece a manifestar secuelas neurológicas— y a que el Publio Quintilio Varo encarnado por Gaetano Aronica parece un personaje de Astérix, la codicia de éste y las disensiones entre las tribus germanas sí están sobradamente documentadas. Además, los romanos se expresan en pulquérrimo latín clásico, sueño húmedo de cualquier profesor de humanidades.

Asimismo, es buena señal que los seis episodios sepan a poco; claro, que ello se debe, en parte, a que sus responsables se demoran en lo accesorio —el salseo— y se acaban precipitando en lo importante —el proverbial batacazo de Teutoburgo, que despachan en media hora corta—.

No obstante, insisto, quedarse con ganas de más se antoja recomendable en la mayoría de las actividades humanas, conque bienvenida sea una segunda temporada. De hecho, da la sensación de que se ha seguido una estrategia similar a la que, en su día, aplicó ‘Vikingos’: una primera entrega breve y de perfil bajo a modo de globo sonda y, ante la respuesta positiva de la audiencia, más madera, sobre todo presupuestaria.

Porque los acontecimientos subsiguientes tienen miga para otra media docena de capítulos, por lo menos. El rebote del emperador Augusto —“¡Devuélveme mis águilas, Varo!”, que aullara en la estupenda, y baratísima, ‘Yo, Claudio’ (I, Claudius, 1976)— y el sangriento juego del gato y el ratón en que se enfrascarían Arminio y Germánico durante cerca de una década ofrecen numerosas posibilidades, si se ruedan con los mismos savoir faire y honesto espíritu artesanal que presiden este recomendable aperitivo.

Tráiler de ‘Bárbaros’

¿Pasa el corte?
Overall
2.7
  • Originalidad
  • Fotografía
  • Interpretaciones
  • Guion
  • Edición y montaje
  • Banda Sonora
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Puntos fuertes

  • Pese a no llegarle a la suela de las caligae ni a ’Roma’ ni a ‘Vikingos’, se trata de una coproducción muy digna de la que cabe esperar más y mejores entregas.
  • Las consabidas patadas a la historia no resultan tan groseras como suele ser de uso en el género y da gusto oír hablar latín clásico.

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