Cuando terminó Spider-Man 3 en 2007, Tobey Maguire ya no era el rostro tímido y querible de Peter Parker: también era una de las caras más visibles de Hollywood. Lo curioso es que, tras alcanzar su mayor momento de popularidad, su carrera no siguió el camino clásico de una superestrella. En vez de multiplicar franquicias y alfombras rojas, eligió un trayecto más irregular y reservado.
Del héroe juvenil al actor selectivo
La etapa posterior a Spider-Man mostró a un Maguire empeñado en probar que podía ser más que un simple superhéroe. En 2009 protagonizó Brothers, un drama bélico en el que encarnó a un soldado marcado por el trauma, un papel muy distinto al del joven inseguro que lo había convertido en ídolo mundial. Después llegaron trabajos como The Details y, sobre todo, The Great Gatsby en 2013, donde compartió pantalla con Leonardo DiCaprio interpretando a Nick Carraway, el observador de una historia dominada por el exceso, la ambición y las apariencias.
Detrás de las cámaras también vimos parte de este giro. Maguire se acercó a la producción cinematográfica y reforzó esa faceta con Material Pictures, una compañía con la que buscó tener más control sobre los proyectos en los que participaba. Esta etapa estuvo marcada por títulos como Good People y Pawn Sacrifice, donde él mismo encarnó a Booby Fischer, otro personaje brillante, complejo y difícil de domesticar. Más que desaparecer, Maguire dosificó su presencia: menos películas, menos exposición y una carrera más calculada que en sus años como estrella de masas.
Póker, vida privada y un regreso cargado de nostalgia
Pero su vida tras Spider-Man no quedó definida solo por sus decisiones artísticas. Su imagen pública también sufrió por los relatos que circularon sobre su participación en juegos de casino como el póker. Según cuentan las historias, Maguire estuvo presente en diferentes partidas privadas de póker de altísimo nivel, con testimonios, libros y reportes que le situaban en mesas de casino con cierta asiduidad.
A esa percepción se sumaron versiones sobre un carácter áspero y episodios de tensión dentro y fuera de los sets. Tomó bastante distancia con el Peter Parker amable que el público recordaba y la personalidad que empezó a describirse en torno a Maguire fue agrandándose con los años. Su “desaparición” parcial del gran circuito respondió, en parte, al desgaste de una reputación que ya no despertaba el mismo entusiasmo en la industria ni entre parte de la audiencia.
En paralelo, su vida personal tomó un rumbo más sereno. Se casó en 2007 con la diseñadora de joyas Jennifer Meyer, tuvo dos hijos y, tras la ruptura anunciada en 2016, mantuvo con ella una relación cordial enfocada en la crianza compartida. Esa faceta más doméstica y menos exhibicionista encajó con el nuevo Tobey Maguire: un actor cada vez más alejado del foco constante, menos dado a vender intimidad y más inclinado a preservar una rutina discreta, casi opuesta a la lógica del estrellato que lo había acompañado en la década anterior.
Su gran reaparición emocional llegó en 2021 con Spider-Man: No Way Home, cuando volvió a enfundarse el traje en un movimiento que apeló directamente a la nostalgia de toda una generación. El regreso funcionó porque no intentó presentarlo como una estrella renacida, sino como un icono que nunca terminó de irse del todo. Un año después apareció también en Babylon y figuró entre sus productores ejecutivos. Así quedó dibujada su segunda vida profesional: menos ruidosa, más esporádica y marcada por una rareza que, al final, también terminó convirtiéndose en parte de su leyenda.



