‘Jail Time Records’ tiene el dinamismo de un videoclip y el storytelling de un documental de crítica social. La cámara nos atrapa a través de colores vibrantes y un montaje rítmico, al compás de cuerpos que bailan como poseídos, el retumbar de los bajos, las miradas honestas, la diversión pero también la pobreza. Cientos de personas viven hacinadas y a la intemperie por falta de camas. La comida está estrictamente racionada. Las drogas y la violencia campan a sus anchas. Los baños son compartidos, no hay intimidad ni higiene.
Dirigido por Dione Roach y Steve Happi, y respaldado en la producción por Taika Waititi y Rita Ora, ‘Jail Time Records’ (cuyo rodaje se extendió durante seis años) se coronó recientemente como el mejor documental en el Festival de Cine de Tribeca en Nueva York.
Tres serán los protagonistas de esta historia: Stone, Transporteur y Empereur. Ellos son los encargados de guiarnos por las condiciones infrahumanas de la Prisión Central de New Bell en Douala (Camerún), un centro construido para 800 personas que hoy alberga a más de 6.000 hombres. Sin embargo, el filme ofrece una mirada optimista. Aunque escuchamos las confesiones más dolorosas de sus personajes, también somos partícipes de un proyecto que les anima a seguir adelante: grabar y publicar sus propias canciones en el primer estudio permanente de una prisión africana.
El filme recuerda en cierta medida a ‘Landfill Harmonic’, el documental que narra cómo un grupo de adolescentes de un vertedero en Paraguay, guiados por su profesor, transforma su realidad a través de la música. Aunque las canciones del documental paraguayo son más elaboradas, como lo son también las de ‘El milagro de Candeal’ o ‘Buena Vista Social Club’, en todos estos filmes, incluyendo el de Roach y Happi, vemos una estructura tripartita: la crudeza del contexto social, las entrevistas íntimas y reveladoras, y la música como auténtica protagonista. Lo que diferencia a ‘Jail Time Records’ es su propuesta formal. Roach utiliza fragmentos de los exitosos videos musicales que ella misma produjo para redes sociales como el esqueleto narrativo de la película. La repetición de las líricas, el boom-boom-boom de las bases y las melodías afro nos hipnotizan, introduciéndose en nuestro cerebro hasta horas después del visionado.

Un estudio musical como resistencia, reinserción
El sello Jail Time Records nació en New Bell de la mano de Dione Roach y el productor musical Steve Happi, quien conceptualizó el estudio mientras cumplía condena. Allí se cruzó con la artista visual, que desarrollaba un proyecto de impacto social, y así comenzaron su andadura juntos. Desde entonces, la plataforma mantiene un firme espíritu de reinserción para quienes habitan la marginalidad de una prisión superpoblada. Gracias a la música, los convictos pueden soñar con un futuro mejor y los que han conseguido la libertad, tienen la oportunidad de encontrar un rumbo nuevo lejos del crimen, gracias al estudio de grabación que existe también fuera de Douala.
“Para mí, lo más bonito de todo esto es que se trata de un instrumento de resistencia. Un instrumento con el que podemos grabar recuerdos, compartir amistad, amor y nuestras voces pueden ser escuchadas”, comentó Happi en una entrevista durante la presentación de la película.
Cientos de artistas han pisado ya estas cabinas, produciendo desde afrobeat y hip-hop hasta R&B y gospel. El fenómeno, lejos de estancarse, se expande con la apertura de nuevos espacios artísticos en la prisión de Ngoma (Camerún) y en la de MCO en Uagadugú (Burkina Faso), demostrando que el arte, cuando es libre, no entiende de rejas.
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