‘Fatherland’ es una historia real a medias en la que Paweł Pawlikowski ajusta, con la precisión de un relojero suizo, personajes auténticos, complejas relaciones familiares y momentos históricos decisivos para construir un filme de hora y treinta y cinco minutos cuyos engranajes funcionan con exactitud milimétrica.
La película sigue al Premio Nobel Thomas Mann (Hanns Zischler) y a su hija Erika Mann (Sandra Hüller) en un viaje ficticio por la Alemania destruida tras la Segunda Guerra Mundial. El escritor, exiliado en Los Ángeles tras la ocupación nazi, aterriza en las ruinas de su país natal para recibir el prestigioso Premio Goethe. Durante la gira a través del Este y el Oeste, Mann adopta una postura pan alemana (“no reconozco zonas, mi visita atañe a Alemania en su conjunto”), aceptando galardones a ambos lados de la frontera. Durante este road trip a bordo de un flamante Buick negro, padre e hija se ven obligados a encarar tanto sus fracturas familiares como el clima político tenso y frágil de un país en plena reconstrucción. Este habitáculo cerrado durante cientos de kilómetros se convierte en el escenario propicio para la introspección y el desencuentro, en sintonía con el cine de carretera de Wim Wenders en los setenta.
Los conocedores de la biografía de Mann advertirán pronto las licencias temporales: el viaje a Alemania en el verano de 1949 lo realizó con su esposa, Katia Mann, y no con su hija; el drama familiar que vertebra la trama sucedió en realidad semanas antes, durante una estancia en Estocolmo; y la travesía en coche con Erika tuvo lugar mucho antes, en marzo de 1934, rumbo a París. No obstante, como el propio Pawlikowski explicó en el Festival de Cine de Nueva York, la fascinación por el regreso del autor a su patria devastada justificaba condensar episodios dispersos en un relato dramático más compacto pero con gran dinamismo. El aplauso unánime de la crítica y su palmarés en Cannes respaldan su apuesta.

Dirección de fotografía y actuaciones impecables
Como en sus aclamadas obras previas ‘Ida’ (Óscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa en 2015) y ‘Cold War’ (nominada a tres galardones en 2018), el cineasta polaco se apoya en su director de fotografía de cabecera, Łukasz Żal. Sus evocadores encuadres en blanco y negro y la relación de aspecto en 4:3 retienen esa capacidad hipnótica sobre la pantalla. La belleza e inteligencia de las imágenes refuerzan la solidez interpretativa de Hanns Zischler (‘Munich’) y Sandra Hüller (‘Anatomía de una caída’ y ‘La zona de interés’), cargando de simbolismo narrativo algunas de sus escenas clave. Una de ellas es el emotivo pasaje en el que padre e hija se reencuentran, tras un tortuoso viaje, entre los escombros de una iglesia mientras escuchan las notas de un coral de Bach que brotan de un órgano milagrosamente intacto.
El director cuida cada detalle con mimo. Todos los escenarios fueron localizados con paciencia en Polonia durante meses de prospección con Żal. Esta búsqueda exhaustiva dio como resultado un gran realismo audiovisual que sigue los pasos de autores como Roberto Rossellini y su cine de escombros.
Para los seguidores del director, Joanna Kulig (‘Cold War’), regala una breve aparición como vocalista de jazz en una fiesta, mientras que el guion introduce algunos momentos cómicos como el encuentro apócrifo entre Mann y los nietos de Richard Wagner, fiel al temperamento combativo y antifascista del autor alemán.
Tráiler de ‘Fatherland’
¿nos encanta?
Overall
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Fotografía
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Interpretaciones
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Banda Sonora
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Edición y montaje
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Guion
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Originalidad