Con una carrera que abarca más de seis décadas y cerca de noventa títulos, Yôji Yamada no solo es un clásico del cine japonés. Su capacidad para narrar los problemas cotidianos y las agridulces alegrías de la gente común, sin resultar condescendiente sino conmovedor, le han validado por derecho como el gran heredero del género shomin-geki.
En ‘Una familia de Tokio’ (Tokyo Kazoku, 2013), su popular reinterpretación de los ‘Cuentos de Tokio’ (Tokyo Monogatari, 1953) de Yasujirō Ozu, el director japonés retrataba las intrincadas relaciones de las familias modernas mientras capturaba con sutileza el contexto de incertidumbre social tras el tsunami de 2011. Incluso en su imponente Trilogía del Samurái (2002-2006) el director rascaba bajo la superficie de la épica jidaigeki para retratar a unos guerreros asfixiados por el sistema feudal, que apenas podían alimentar a sus familias y aferraban sus katanas con la firme ética del superviviente.
A sus 94 años, testigo de la contemporaneidad y de un mundo prácticamente desaparecido, Yamada reafirma su creencia en la bondad humana con su último filme, ‘Un taki en Tokio’ (Tokyo Taxi), remake de la francesa ‘Un paseo con Madeleine’ (Une belle course, 2022). Una road movie urbana en la que la “bondad de los desconocidos”, que mencionaba Tennessee Williams en ‘Un tranvía llamado deseo’, enlaza a dos personajes que tropiezan por azar: Koji, un taxista apurado por su situación económica, que ha de trasladar a Sumire, de 85 años, a una residencia de ancianos. Este destino definitivo evadirá poco a poco a los protagonistas y al espectador del taxímetro y de la extrañeza del otro.

El vehículo cruza una ciudad cambiante que sustenta, entre flashbacks, la memoria de Sumire, fiel a las emociones de una vida que según es relatada encuentra su expiación. Como la reconstrucción espiritual de un Japón malherido tras la II Guerra Mundial y la deuda pendiente con las mujeres de una sociedad estructuralmente poco igualitaria. El tempo se pausa, las piezas clásicas aclimatan el humor costumbrista y la nostalgia de los diálogos y el espejo retrovisor enmarca la intimidad de las miradas.
La espina dorsal recae en la interpretación, ágil y enternecedora, de Chieko Baishô, un pilar de la cinematografía nipona y de la carrera de Yôji Yamada. La actriz interpretó desde 1969 hasta 1995 a Sakura Suwa, la hermana del protagonista de ‘Otoko wa Tsurai yo’ (Es difícil ser hombre), mítica saga del director de Osaka. El famoso actor Takuya Kimura, despojado de cualquier aura seductora, con aspecto maduro y descuidado, le da perfecta réplica a la veterana intérprete mediante su rictus contenido.
Queda en un segundo plano que la película discurra por caminos conocidos o el melodrama roce la ternura de lo inverosímil. ‘Un taki en Tokio’ conserva el encanto intacto, haciendo gala del reconfortante y reconocible estilo del cine de su autor.
Tráiler de ‘Un taxi en Tokio’
¿nos encanta?
Overall
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Fotografía
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Interpretaciones
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Banda Sonora
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Edición y montaje
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Guion
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Originalidad