Es una de las figuras más singulares de la crítica cinematográfica de Taiwán y sus textos en publicaciones como Fa Film Appreciation, Screen Weekly y otros medios especializados recogen una mirada incisiva que se intercala entre narrativas autorales y cultura popular. El crítico Tang-Mo Tan visitó Madrid con motivo del ciclo «Taiwán con Orgullo: Cine queer taiwanés actual», impulsado por la Oficina Económica y Cultural de Taipéi en España y el Ministerio de Cultura de Taiwán, en colaboración con la Fundación Triángulo y QueerCineMad. Hablamos con el autor del cine de la isla y su compromiso con la diversidad, así como de los aciertos de una Muestra que, en su gira por España, hizo parada en Cádiz y llegará a San Sebastián a la vuelta del verano, en el marco del Premio Sebastiane (GEHITU) y el Donostia Zinemaldia.
¿Está creciendo el sello cultural “made in Taiwan”?
Sin duda. El interés que está despertando en Europa viene de una serie de hitos y símbolos, que han ayudado a que se globalicen ciertos aspectos de la cultura taiwanesa: Desde el crecimiento económico al matrimonio igualitario o personajes que se han popularizado como Nymphia Wind, drag queen que se convirtió en la primera ganadora de Asia Oriental del programa ‘RuPaul’s Drag Race’. No es fácil, ya que dentro del contexto sinófono Taiwan en una proporción muy pequeña.
¿Se ha forjado una relación innata entre la proyección internacional de Taiwan y la identidad queer?
No hace tanto, en los 90, la identidad queer estaba muy invisibilizada en la isla. Poco a poco empezó a surgir un movimiento dentro del arte o el cine en especial. Tal vez, si buscamos un símil, sería algo similar a vuestra Movida Madrileña. A partir de ahí tenemos ejemplos de títulos como “El banquete de boda”, “Viva el amor” y “Adiós a mi concubina”, a través de los cuales se genera una dirección. Nos damos cuenta de que pueden atraer la atención y generar interés sobre la cultura taiwanesa en su sentido más amplio.
¿Se suma a las nuevas olas del cine taiwanés una tradición de cine queer?
Se podría decir así. Ang Lee, con ‘El banquete de boda’, marca un antes y un después. Hablamos de la década de los 90, como mencionaba antes. Ahora están ganando importancia los directores jóvenes. Actualmente hay una corriente, no muy desarrollada todavía, de tono más experimental, que vale la pena conocer.

¿Podríamos hablar de unas características comunes en el cine taiwanés reciente?
La influencia del cine anterior es muy profunda en los directores actuales que practican una especie de mezcla cultural, un gusto hípster o más elevado. Al mismo tiempo tienen la necesidad de producir blockbuster, que atraiga mucho público a las salas y dar ese salto a la gran pantalla. Pero, de hecho, este gusto hípster pesa tanto que ha hecho imposible que el cine taiwanés tenga un boom como el cine hongkonés.
Hablando de distribución, ¿los títulos que nos llegan aquí se corresponden con los de vuestra cartelera?
En general se ve lo mismo. Una película como ‘A sun’ (El sol que abrasa), de Chung Mong-hong, que ha sido muy vista en territorio europeo, también lo ha hecho allí. La diferencia es que en Taiwan no ha tenido éxito. Al público taiwanés le resultaba demasiado profunda, demasiado densa para verla en salas. Creo que lo que os llega a España es más producto de festival. Al final en Taiwán el público general tira más de las producciones de Netflix, lo que se está generalizando en todas partes.
¿Qué destacarías de la selección de la Muestra «Taiwán con Orgullo: Cine queer taiwanés actual»?
Son producciones posteriores a la legalización del matrimonio igualitario, que resaltan en sus detalles aspectos importantes. Me quedaría con la representación de la diversidad funcional, de las discapacidades y la diversidad de cuerpos a través del prisma de la cultura taiwanesa. Una visión distinta de otras cinematografías. El ciclo también hace referencia a la cultura BL (‘Boys Love’) y trans y se habla de los cuerpos del sudeste asiático desde la jerarquía de racismo o deseo que se produce.
¿Y en cuanto al retrato femenino?
Seguramente al público le llamará la atención un aspecto tan específico como la cultura que envuelve a los templos, con un ambiente ruidoso y festivo. Aquí es donde yo encuentro una simbología muy interesante. Hay unas figuras en los templos, los guardianes, que se presuponen que son masculinos. Tienen una gran presencia varonil, actitud violenta, cuerpo tatuado y en ocasiones se disfrazan. En el festival hay una muestra transgresora de estos guardianes, mostrándolos como mujeres.