El nuevo largometraje de Oliver Laxe es la historia de un viaje en el sentido más amplio de la palabra. “Tú no sabes dónde te estás metiendo”, se nos avisa al principio de la película. Se trata de un viaje físico: camiones cruzando el desierto de Marruecos, montañas escarpadas, acantilados pedregosos, con el cerebro reptiliano en estado de alerta, sintiendo vértigo y miedo a cada paso. Miedo no, terror. Terror a lo desconocido, a la muerte. Pero también es un periplo en el que se busca un estado alterado de la conciencia. La única forma de hacer un viaje espiritual. La música vibrando, retumbando en nuestros tímpanos, los monstruosos paisajes, las emociones a flor de piel: miedo, pero también dolor. Un dolor que abrasa como el sol del desierto, un dolor tan profundo que nos hace explotar en mil pedazos. Ese viaje espiritual se convierte en una serie de visiones que nunca sabremos descifrar. ¿Estamos alucinando? Nos entra la risa ante situaciones atroces, ¿debemos tomarnos todo al pie de la letra? Queremos una epifanía, un momento eureka que nunca llega. O quizá sí, pero solo fuera de la sala de cine. 

Este es el juego de Laxe. Nunca conoceremos el trasfondo de los personajes. Tendremos que imaginarnos su pasado y juzgar quiénes son solo por su presencia física en la pantalla. Tampoco recibiremos una moraleja, un mensaje mascado que llevarnos a casa. Como un chamán, un sheij o una dosis de LSD, el director ofrece al público la oportunidad de participar en un trance, de guiarnos durante ese estado alterado, pero solo nosotros sabremos desentrañar sus misterios. 

‘Sirāt’ arranca con una rave. Altavoces gigantescos, música vibrante, las montañas del Atlas como una fortaleza ancestral protegiendo a una muchedumbre en éxtasis, bailando sin descanso, durante el día y la noche. Allí conocemos a Luís (un deslumbrante Sergi López), acompañado de su hijo Esteban (Bruno Núñez), que busca desesperadamente a su primogénita desaparecida desde hace meses. Un grupo de punkis franceses le indica que quizá puedan encontrarla en otra fiesta que empezará dentro de unos días en el desierto, al sur de Marruecos. De pronto, la rave se ve interrumpida por los militares marroquíes; se ha instaurado el estado de alarma y han ordenado la evacuación de extranjeros.

Pero los punkis franceses tienen otros planes, esquivan con sus enormes camiones a los militares y se internan en las montañas seguidos por Luís y Esteban, que han decidido continuar con su búsqueda a toda costa. Y aquí empieza el viaje. Un padre y un hijo españoles y su perra Pipa conduciendo una pequeña camioneta por los parajes más peligrosos. Cinco punkis franceses (todos ellos actores aficionados que el director fue encontrando en las raves a las que él mismo asistió) en dos camiones descomunales escuchando música techno a todo volumen deciden ayudarles en su búsqueda. Todos ellos internándose en los paisajes más aterradores, la naturaleza más extrema. 

Laxe lleva doce años escribiendo esta película. El director tiene una conexión muy íntima con Marruecos, donde vivió durante más de una década y que se convirtió en el escenario de dos de sus anteriores filmes: ‘Todos vosotros sois capitanes’ y ‘Mimosas’. En ellas vemos la evolución de esa idea de espiritualidad, de sumisión a la naturaleza, tan propia del sufismo, que culminará con ‘Sirāt’. 

El director cuenta que el primer guión comenzaba con una escena en la que un sheij afirmaba profético después de ver la devoción y entrega de los participantes de una rave: “Los punkis serán los representantes del Islam en el futuro”. Pero después decidió eliminarla y transmitir esta idea utilizando todos los recursos a su alcance. Por eso es muy recomendable ver ‘Sirāt’ en una sala de cine. Dejar que el sonido (compuesto de forma brillante por Kangding Ray) penetre cada una de nuestras membranas, que retumbe en el esternón, que erice las neuronas. Solo en la oscuridad de una sala, con una pantalla grande, se puede uno sobrecoger con la majestuosidad de los paisajes.

Primerísimos planos de altavoces, de rostros, de retrovisores, de manos al volante dan paso a un vasto desierto, los atronadores crujidos de las rocas despeñándose por los barrancos. El agua cubriendo los pedales del coche que cruza un río verde. Los camiones monstruosos compitiendo como si se tratara de la película ‘Mad Max’. El sol, que hace entornar los ojos y confiere a las imágenes un blanco fantasmagórico. Un viaje aterrador, pero necesario. Al menos ese es el único mensaje que quiere transmitir Oliver Laxe: “No penséis mucho en la película cuando salgáis. Esto es como un masaje. El día que te lo dan, duele y piensas: ¿para qué me he gastado el dinero en esto? Pero si lo dejas actuar dos días, ya sientes sus efectos y te encuentras como nuevo.” 

‘Sirāt’ ha levantado opiniones encontradas entre el público y la crítica, pero también ha sido galardonada con el premio del jurado del Festival de Cannes y está nominada a los Óscar en la categoría de mejor película extranjera. 

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Crítica de ‘La cena’, (Manuel Gómez Pereira, 2025)

Laura Álvarez Manzano

Periodista con base en Nueva York. Aunque me gano la vida con la comunicación digital en las Naciones Unidas, mi pasión siempre ha sido el mundo de la cultura. En mis ratos libres devoro películas, obras de teatro y libros. Me apasiona conectar ideas, compartir impresiones y disfrutar de las buenas historias.

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