‘Killing Time’ ha sido una de las películas más disfrutables de este BIFAN 2026. Tiene una premisa con gancho, un elenco reconocible para quienes venimos de Dramaland y una estética lo bastante marcada como para entrar por los ojos desde el primer momento. Además, entiende mejor que otros títulos de su sección qué tipo de relato quiere ser y hasta dónde puede llevarlo. No es perfecta, y su tramo final se queda algo corto, pero compensa esas debilidades con ritmo, reparto y una energía mucho más fresca que la de otras propuestas vistas en el festival
El popular canal de terror de YouTube «Killing Time» se ve obligado a cerrar tras un accidente mortal ocurrido durante una transmisión en vivo. Más tarde, con la esperanza de regresar, el equipo del canal planea un contenido aún más sensacionalista: esta vez, ambientado en un hospital psiquiátrico abandonado en lo profundo de las montañas. ¿Lograrán completar la transmisión sin que ocurra otra tragedia?
La historia gira en torno a un grupo de jóvenes que lleva un canal de YouTube de terror. Graban bromas, recrean situaciones macabras, juegan con el miedo como espectáculo y alimentan esa maquinaria de likes, visualizaciones y dinero que convierte cualquier experiencia en contenido. En ningún caso parece que ninguno de ellos viva de esta actividad, lo cual es algo a tener en cuenta si queremos profundizar en el fenómeno social del que parte la película.

Para este grupo de jóvenes nada puede salir mal, no son conscientes ni buscan serlo de las consecuencias de sus acciones. Así cuando una chica muere durante una emisión el grupo tiene que deshacerse evitando en todo momento la culpa y las consecuencias de esa muerte que podría haberse evitado. Ahí está uno de sus puntos débiles, la muerte tendría que pesar más, la culpa tendría que doler más.
El problema no reside tanto en la frialdad de sus personajes como en que el guion no siempre se atreve a llevar esa frialdad hasta sus últimas consecuencias. ‘Killing Time’ plantea un universo marcado por el cinismo del siglo XXI, por esa forma en la que las redes, la fama instantánea y la lógica del espectáculo han ido desdibujando la poca decencia humana que parecía quedarnos. Sus personajes no son calculadores o simplemente fríos, es más bien que son impermeables al dolor ajeno, y esa mirada resulta interesante porque conecta muy bien con el tipo de violencia moral que la película quiere retratar. Sin embargo, se debería haber trabajado con más profundidad esa crueldad cotidiana, ese vacío emocional que luego será clave para entender como el guion evoluciona.
Es clave en este aspecto Ryu Hye-young, que consigue llevar a pantalla más dolor del que el propio guion parece concederle a su personaje. Gracias a ella, alguien dentro de la trama se siente humano. Alguien siente el peso de esa muerte y se quiebra, aunque sea en silencio. El resto de compañeros del programa, en cambio, apenas se detiene a pensar en su responsabilidad, y ahí había mucho de donde tirar porque la idea está ahí: una sociedad que mira, consume, juzga y sigue deslizando la pantalla. ‘Killing Time’ debería haber hurgado mucho más en la herida para crear momentum.
Aun así, ‘Killing Time’ funciona cuando entra en el terreno de la venganza y del slasher. La película plantea una quiebre muy eficaz, aunque ampliamente trabajado previamente: quienes antes grababan el miedo ajeno pasan a convertirse en materia de espectáculo para otros. Los perseguidores pasan a ser perseguidos. Los que convertían el horror en contenido terminan atrapados dentro de su propio directo. Hay bastante de justicia poética, vas a querer verla.
La cámara se mueve con frescura, la dinámica juvenil está bien trabajada y el reparto ayuda muchísimo porque como espectadora te sientes cercana a ellos debido a su presencia en series y eso trabaja a su favor. La película avanza bien, mantiene la intensidad en casi todo su metraje y nunca descansa, lo cual es clave para que la espectadora no pueda pararse mucho a pensar en lo vacío que a veces se siente el guion.
A nivel técnico la película funciona muy bien. Las localizaciones son un perfecto laberinto del que sentir no hay escapatoria, la sangre y la violencia se sienten reales y las interpretaciones son sólidas. Nos creemos la angustia de los protagonistas gracias, en buena parte, a una edición de sonido muy acertada que te mantiene en vilo y con la piel de gallina sin darte cuenta.
Lo que más podemos achacarle es el cierre, que llega demasiado abrupto, como si la película no se atreviera a empujar su propia premisa hasta el final, podría haber sido más cruel, más incómoda, más crítica con esa cultura de la retransmisión constante, pero, aun con esas limitaciones, es de las propuestas que más se disfrutan dentro del festival, y, teniendo en cuenta la juventud de los realizadores y los actores, dice mucho del recorrido y cintas que nos dejarán en el futuro.
Tráiler de ‘Killing Time’
¿nos encanta?
Overall
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Fotografía
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Interpretaciones
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Banda Sonora
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Edición y montaje
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Guion
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Originalidad